www.seme.org

Hola visitante. Estás en el Área de Profesionales

En todo el sitio web
Sólo en noticias de actualidad

Peso normal, peso ideal

Prof. J. R. Zaragoza

Una de las técnicas de más importante aplicación cara a una vida sana es adoptar unas normas correctas de dietética. Para iniciarse en ellas es preciso conocer, de entrada, los problemas de la alimentación en el mundo actual, y los conceptos, fundamentales para la alimentación sana, de peso normal y peso ideal.

La alimentación en el mundo actual

Si examinarnos la situación actual de la alimentación en el mundo veremos que, junto a una enorme cantidad de personas que se alimentan de modo insuficiente (se indica hasta los dos tercios de la población mundial), los habitantes de los países desarrollados tienen problemas alimentarios de signo opuesto: los creados por la superalimentación.

La paradoja es, además, que disponiendo de redes de supermercados y de productos congelados, disponiendo de los medios de adoptar la alimentación más sana que jamás se haya podido conseguir en la historia de la humanidad, mantengamos sin embargo un tipo de comidas muy nocivo para la salud, con exceso de azúcares, grasas animales y proteínas, así como ausencia de fibras y, en ocasiones, de oligoelementos.

¿Por qué nos comportarnos así? Porque no estamos educados en dietética, y nos comportamos respecto a la alimentación como el pequeño al que se deja suelto en una pastelería: toma en cantidad lo que más le apetece, y al día siguiente sufre las consecuencias. Nosotros comemos ¡y bebemos! lo que nos apetece, y las consecuencias las sufre nuestro organismo, con una carga dietética cada vez más importante.

Si consideramos tanto nuestra evolución como la conducta de los pueblos primitivos, deducimos que nuestra alimentación debe ser predominantemente vegetal, con residuos (fibras), añadiendo una discreta cantidad de carne o de pescado; que esta comida se debe repartir adecuadamente durante el día, y, sobre todo, que debe ser completada con una vida de ejercicio físico que ayude tanto a la regulación dietética como al consumo del exceso de nutrientes.

Para estudiar adecuadamente este tema, examinaremos previamente nuestras necesidades orgánicas, para ver, luego, cómo dar una respuesta correcta y adecuada a nuestros requerimientos.

Las necesidades del organismo

Supongamos, como ejemplo base, que un varón de 35 años pese -peso promedio de las tablas- 73 kilos. De ellos, unos 45 kilos serian de agua (intra y extracelular), 23 de grasa y proteínas y 5 de hidratos de carbono, vitaminas y minerales. Lo primero que comprobamos ante estos datos es que la mayoría del peso del organismo está formado por agua. Parece como si en nuestra evolución hubiéramos salido del mar y debiéramos llevar el mar con nosotros, en nuestro interior. A este respecto es de interés saber que composición del plasma sanguíneo es muy parecida a la del agua del mar. La proporción de agua del organismo no es constante durante toda la vida; es máxima en recién nacido y disminuye con la edad; como si sufriéramos un proceso de "desecación" progresiva.

La provisión de agua es para el organismo de enorme importancia. Podemos pasar muchos días sin comer (las huelgas de hambre pueden durar más de cien días), pero no podemos pasar más de cuatro sin beber, ya que diversas formas eliminamos al menos un litro de agua día, y el organismo no puede sobrellevar la pérdida de un 10% de su contenido normal en agua (lo que para los 45 litros de nuestro ejemplo suponen 4,5 días). El contenido en grasa del organismo puede ser enormemente variable, ya que las grasas esenciales, aquellas de las que no podemos prescindir porque intervienen en la estructura de tejidos y órganos, apenas suponen un kilo. El resto son grasas de reserva, de fácil aumento y disminución (aunque algunos piensen que su eliminación no es tan fácil), controlable con una dieta adecuada.

Los hidratos de carbono, cuya misión es actuar como combustible orgánico, suponen, tanto los inmediatamente disponibles como los de reserva, una pequeña cantidad del peso total, aproximadamente un 1,5 % (en nuestro ejemplo, poco más de un kilo).

Los minerales suponen el 6 % del peso total (en nuestro ejemplo, unos 4,38 kilos). De ellos, las tres cuartas partes se localizan en el esqueleto (unos 3,3 kilos) en forma de fosfatos cálcicos (atención: el esqueleto, en conjunto, pesa más, porque tiene otros componentes, y además, partes blandas).

Las proteínas son el componente plástico fundamental del organismo; constituyen la base constitucional de los tejidos y órganos. Pero no se encuentran estables, sino en perpetua renovación. De ahí que, aunque haya pasado el periodo de crecimiento, precisemos un aporte diario de proteínas de en tomo a un gramo por kilo de peso para asegurar esta continua reposición y transformación de los órganos.

Todo esto quiere decir que la dieta correcta debe aportar, por una parte, la energía que consumimos para vivir; por otra, las materias plásticas que precisamos para reponer las pérdidas de nuestros tejidos y órganos.

Y a este respecto un concepto interesante es el de "vida media de un órgano", que se define como el tiempo necesario para que la mitad de su peso sea sustituido por las nuevas sustancias plásticas (fundamentalmente proteínas). Este tiempo oscila entre 180 días para el hueso (uno de los más lentos en su proceso de cambio) hasta 10 días para el hígado, cuya capacidad metabólica es extraordinaria.

A lo largo de nuestra vida consumimos una enorme cantidad de alimentos. Se ha calculado que un hombre de setenta años del mundo occidental ha ingerido, durante este periodo, unas treinta y cinco toneladas de alimentos sólidos, dejando aparte la ingestión de agua y lóquidos.

Peso normal y peso ideal

Todo ello, para mantener una normalidad de estructura y funcionamiento corporal, cuyo reflejo es el peso. Porque el peso es un reflejo bastante adecuado del estado nutritivo de una persona. Su desajuste se traduce en excesos (lo más frecuente) o defectos (lo más raro) respecto de la normalidad.

¿Que es el peso normal? Definimos el peso normal como el peso promedio de un sector de la población, expresado generalmente en relación a la altura. Las tablas de peso normal se adaptaron primero para varones y hembras, pero luego, viendo la diferencia que impone la constitución corporal -sobre todo en relación a la morfología, y por tanto al peso del esqueleto-, se adaptaron a la constitución individual, para personas delgadas, medias y robustas.

Para no manejar tablas se han introducido fórmulas cuya aplicación nos da el peso normal de la persona de que se trate. La más sencilla supone que el peso normal es la expresión en kilos de los centímetros con los que se sobrepasa el metro de altura. Para 1,70 metros, 70 kilos. Aquí no se introduce la constitución corporal, que si se incorpora en otras fórmulas más complicadas donde entra como valor el perímetro de la muñeca, una de las zonas donde es más apreciable una sección del esqueleto sin apenas aposición de partes blandas.

Con ello tenemos calculado el peso normal. Pero este peso medio de la población, ¿es el mejor para la salud? ¿Cómo podríamos confirmar qué peso corporal es el mas conveniente para llevar una vida sana?

La respuesta nos la da la estadística. Denominaremos peso ideal el que, siendo capaz de responder a las exigencias orgánicas, plantee los mínimos problemas cardíacos, de estática (columna) y de repercusión orgánica general, proporcionando el mejor estado de salud.

Pues bien, las estadísticas médicas, sobre todo las de las compañías de seguros de vida y de enfermedad, han calculado cuál es el peso que para cada altura supone la presencia de menos complicaciones físicas (enfermedades, muerte). Y tabulando este peso, resulta ser aproximadamente 4 o 5 kilos menos que las cifras correspondientes al peso normal.

Consecuencia importante para la salud: sea usted delgado. Procure mantenerse delgado. Sea mediante la práctica del ejercicio, la regulación dietética, o ambas cosas a la vez, consiga y continúe manteniendo el peso ideal, este peso de 4 o 5 kilos menos que el peso normal correspondiente a su talla.

Y, por otra parte, una consecuencia social: la mayor parte de la población está situada por encima del peso ideal correspondiente. Lo que indica que si se hiciera un esfuerzo colectivo por mantenerse en forma, redundaría en un aumento general del bienestar físico y en una disminución de la incidencia de enfermedades y de mortalidad.

No obstante podemos considerar que aunque el aumento de peso por encima del normal se puede calificar ya de obesidad, existe un sobrepeso y obesidad discreta o moderada cuando este exceso de peso no sobrepasa el 10 % del peso normal, mientras que el sobrepeso que supera este limite ya constituye una obesidad patológica.

Y así como el peso ideal, y aun el peso normal, aseguran un estado de salud correcto, la obesidad supone una duración de vida inferior a la de los sujetos de peso normal, y que además guarda relación directa con el grado de obesidad, así como una mayor incidencia de determinadas enfermedades, en especial diabetes, cardiopatías, afecciones hepáticas y vesiculares y otras muchas que son consecuencia de la acción directa dcl sobrepeso sobre el organismo: varices, afecciones de columna, artrosis, etc.

Interesa, pues, conocer y aplicar las técnicas que permiten mantener un peso normal y evitar el sobrepeso que constituye la obesidad. Con ello tendremos una buena salud, y podremos prevenir los principales problemas sanitarios ligados al sobrepeso, cumpliendo la norma consagrada de "vivir mejor para vivir mas".

Copyright 2018 © S.E.M.E.
Sociedad Española de Medicina Estética
Aviso legal · Privacidad · Cookies
Desarrollo web: Sergiodelgado.net